DISCURSO VICEPRESIDENTE ÁLVARO GARCÍA LINERA, 22 DE ENERO DE 2018

Miércoles 14 de febrero de 2018

Hace 50 años atrás, el fundador de la empresa de circuitos integrados más grande del mundo, la empresa Intel, Gordon Moore, formuló una predicción llamada Ley de Moore sobre los vertiginosos e imparables cambios tecnológicos que cambiarían la base material de las sociedades en el mundo. Él estableció que la capacidad de procesamiento de datos que puede tener una computadora se duplicaría cada año, a más tardar cada año y medio, y es verdad.
Toda la capacidad de procesamiento de datos que tuvo la Agencia Espacial Norteamericana, NASA, para mandar al primer hombre a la luna, en 1969, y que requirió un espacio de varias hectáreas y centenares de toneladas, hoy es menor a la capacidad de procesamiento de datos que tenemos en la mano en un pequeño celular. Las supercomputadoras militares que se usaron durante la invasión militar a Iraq, en 2003, procesan menos cantidad de información que lo que hoy tiene un juego Play Station IV, con el que se distraen los niños. Cada año un celular duplica la capacidad de información y, además, los procesadores de datos que contienen son más baratos, más pequeños y aplicables a cualquier actividad humana, urbana, rural, laboral, empresarial y distractiva.
La información y la tecnología que hace 50 años se depositaban en varias hectáreas, hoy están comprimidas en un diminuto espacio, mil veces más delgado que un milímetro de hilo de seda. Hoy, ya se experimenta la nueva generación de computadoras cuánticas, cuyas dimensiones alcanzan apenas a unos cuantos átomos, susceptibles, incluso, de enquistarse en nuestros cuerpos sin que nos genere ningún tipo de problema. Y lo que es igual de importante, cada vez que agarramos un celular o una computadora, estamos en capacidad de interactuar con miles y miles de millones de personas en todo el mundo y con millones de computadoras de empresas, bancos, industrias, hoteles, líneas aéreas, hospitales, comercios, universidades, máquinas, medios de comunicación en tiempo real a lo largo y ancho de todo nuestro planeta.
Pareciera ser que ahora los procesadores electrónicos fueran una prolongación de nuestro cuerpo humano. Y lo que es más importante, las procesadoras y chips procesadores son un componente indispensable de todo o casi todos los productos, las máquinas, las instituciones, los conocimientos y las innovaciones que los seres humanos estamos construyendo día a día.
Esto significa que todo lo que nos rodea, nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras herramientas, movilidades, educación, nuestra distracción, nuestros viajes; todo, absolutamente todo está vinculado directamente, o están controlados, o dirigidos o están influenciados por tecnologías electrónicas resultantes de una gigantesca revolución informática. Y es seguro que los siguientes años, a más tardar en una década, gran parte de la actividad agrícola, del trabajo en las fábricas, de las maquinarias, de los estudios universitarios, de la atención médica, de las oficinas públicas y privadas, del control de los servicios básicos; estarán dependiendo del uso de nuevas tecnologías informáticas aplicadas a la producción, al comercio, al conocimiento, a la función pública. Es como si los circuitos integrados y los procesadores de datos fueran las materias primas o los ladrillos de todo lo que vamos a construir en el futuro.
Y los bolivianos, especialmente los jóvenes, no deben ni pueden quedarse al margen de esta profunda y decisiva revolución tecnológica y científica de la humanidad; los bolivianos somos herederos de grandes civilizaciones agrícolas andinas e hidráulicas amazónicas que en su tiempo hicieron sorprendentes avances tecnológicos de vanguardia, como la construcción de cientos de lagunas, canales y terraplenes amazónicos para controlar el desborde de los ríos o la domesticación de los cereales andinos, que son los más nutritivos del mundo y la construcción matemática de sus edificaciones pétreas. Hoy nos toca a nosotros, esta generación, colocarnos a la altura de la historia y asumir con audacia y creatividad, los nuevos retos de la ciencia, la tecnología y el conocimiento.
En la última década hemos recuperado el terreno perdido en los oscuros y derrotistas tiempos neoliberales; en primer lugar, hemos reducido drásticamente la extrema pobreza pues no puede haber sociedad del conocimiento ni desarrollo científico verdadero si la mitad de la población se acuesta con hambre cada noche, como sucedía hace 12 o 15 años atrás. En segundo lugar, hemos multiplicado la inversión en educación en términos porcentuales del 6 al 16 % respecto al presupuesto del Estado, y en términos absolutos, de 1.200 millones de bolivianos a 21 mil millones de bolivianos. Las universidades triplicaron su presupuesto, hemos derrotado el analfabetismo, hemos construido mil nuevos colegios en todo el país, y el 99 % de los profesores de Bolivia ha alcanzado una licenciatura, lo que garantiza una mejor educación para nuestros jóvenes.
En tercer lugar, gracias a la nacionalización de la economía, la inversión pública se ha incrementado 12 veces en 12 años lo que permitió que se pueda contratar 12 veces más obreros, 12 veces más ingenieros, 12 veces más arquitectos, 12 veces más técnicos, más diseñadores, más economistas, contadores, comunicadores, abogados, médicos, informáticos para construir más colegios, 12 veces más puentes, 12 veces más sistemas de riego, más casas, más fábricas, más represas, más ingenios, más centros mineros que a diario entrega nuestro presidente Evo al pueblo boliviano. Pero lo que ahora estamos empezando a constatar es que actualmente las obras que nos propone y nos pide la población ya no son tanto obras básicas con alta demanda de mano de obra, como caminos, servicios básicos o alcantarillado.
Poco a poco, las nuevas obras que el país está demandando y que ya estamos comenzando a construir son obras con uso intensivo de tecnología, como los sistemas de energía renovable, energía solar, eólica, geotérmica, industrialización del gas, urea – amoniaco, industrialización de litio y sus derivados, fundición de minerales, hospitales de tercer y cuarto nivel para oncología, cardiología, neurología, medicina nuclear, ferrocarriles eléctricos, procesamiento de alimentos, teleféricos, centros de investigación atómica, drones, seguridad ciudadana digital, mega represas para exportar energía, etcétera, etcétera.
Este es el nuevo lenguaje de las demandas populares y muestra que nuestra querida patria está en franco e irrefrenable proceso industrioso; la industrialización es el ancho horizonte que los bolivianos hemos comenzado a caminar en el siglo XXI, con optimismo y con entusiasmo. Pero esta nueva época del proceso histórico requiere, hoy, y va a requerir mucho más, mañana, de abundante conocimiento científico-tecnológico y de sofisticadas tecnologías.
Este gigantesco paso que hemos dado de los servicios básicos a la actividad industrial significa que la planificación, el diseño, la construcción, la administración de estas nuevas obras va a requerir más obreros especializados, más técnicos, más ingenieros de todo tipo, más agrónomos, más científicos capaces de participar en cada una de las etapas de esta nueva época industriosa de nuestra querida Bolivia. Lo relevante de este reto histórico es que no solo se necesita aprender el uso de las nuevas tecnologías que se requieren para las industrias, los servicios y la agricultura; sino que, además necesitamos crear nuestros propios paquetes tecnológicos, crear nuestros propios sistemas informáticos, crear nuestras propias herramientas, crear nuestros conocimientos adecuados a nuestra realidad, a nuestras características como país, a nuestra geografía y a nuestro mercado.
Por eso, el día de hoy hemos invitado a nuestras dos compañeras del campo que con su creatividad e ingenio crearon dos robots que muestran lo que uno puede hacer cuando se propone una meta. Muchas cosas habremos de aprender y usar de afuera, está bien eso, hay que aprender del conocimiento científico universal sin ningún tipo de complejo; pero muchas otras tecnologías tenemos que adaptar, tenemos que inventar, tenemos que innovar para colocarnos a la altura de una patria justa, con tecnología y soberanía, de una patria justa con tradición y con modernidad.
Esta es una gran tarea y responsabilidad patriótica de todos, como Estado, con el presidente Evo, hemos tomado la decisión de convertir a toda Bolivia en una Bolivia industrial hasta antes que celebremos el bicentenario de la patria, en 2025. Esto quiere decir que hemos entrado a la década del gran salto industrializador en pequeña, mediana y gran escala; para ello hemos de aumentar la inversión pública de los ocho mil millones que hoy tiene hasta cerca de trece mil millones en los siguientes años. Hemos de priorizar la industria del gas, de la generación de electricidad y la industria del litio: carbonato de litio, cloruro de litio, bromuro de litio, litio metálico, baterías de litio y todo lo que tenga que ver con el litio para convertirnos en el país que defina el mercado mundial de ese mineral.
Aumentaremos el presupuesto de salud y educación, incentivaremos el aprendizaje de matemáticas, de física, de química, de biología, de lógica y de todas las ramas técnicas de la formación escolar y universitaria que permitan preparar la nueva generación de científicos bolivianos. Becaremos a más profesionales para que se especialicen en áreas técnicas y científicas que el país necesita.
Pero también las universidades públicas y privadas, y la propia familia, tienen que aportar a esta gran tarea nacional. En el marco de su autonomía y estatutos internos, las universidades deben adecuar sus programas y ofertas de estudio a la nueva realidad económica del país. Hoy, todavía algunas universidades siguen con ofertas académicas de los años 60 y están produciendo profesionales frustrados en sus expectativas laborales, hay que cambiar eso.
Ponemos a disposición de todas las universidades de Bolivia los planes de inversión industrial y tecnológica del país, además, de toda la voluntad de las empresas públicas de firmar acuerdos prácticos de colaboración y financiamiento de investigación con todas las universidades que cumplan requisitos de excelencia académica. Pero, también, las familias deben hacer un esfuerzo por complementar las seis horas de estudio escolar de niños y adolescentes con, al menos, otras dos horas de estudio y lectura extracurricular. Tenemos una brecha tecnológica con el mundo y esta se va a cerrar en la década que viene solo con más estudio, más estudio, más estudio y más investigación.
Si sumamos este esfuerzo estatal, universitario y familiar, Bolivia no solo logrará en los siguientes años un ingreso económico por persona igual o superior al de todos los países vecinos; sino que además lo haremos en una base industrial y tecnológica que nos garantice bienestar y justicia con igualdad para el siguiente medio siglo. Este es el compromiso que asumimos como patria, este es el gran destino que cumpliremos.
Muchas gracias.