DISCURSO VICEPRESIDENTE ÁLVARO GARCÍA LINERA, 6 DE AGOSTO DE 2018

Miércoles 8 de agosto de 2018

Estamos a los pies de la montaña más importante del mundo, el Cerro Rico de Potosí, por aquí pasó el libertador Simón Bolívar, en octubre de 1825, para quedarse maravillado ante la mole de plata.
Aquí fue recibido, con honores de presidente, en agosto de 1913, el líder guaraní Cumbay, el único indígena que tuvo ese trato hasta antes del año 2006.
Aquí descansaron, en este lugar, en esta Casa de la Moneda, descansaron nuestros abuelos que iban a combatir a la Guerra del Chaco viniendo de Oruro, de Cochabamba y de La Paz, y aquí, por primera vez, en Potosí, después de 193 años de existencia de nuestra patria, la Asamblea Legislativa Plurinacional, junto con el poder ejecutivo y el poder judicial, sesiona en homenaje a la patria.
Con la riqueza de esta magnífica montaña que nos observa se construyó la Europa moderna que dejó atrás el oscurantismo medieval y feudal con sus decenas de miles y miles de toneladas de plata y oro se inició el llamado mercado mundial.
La plata potosina, una vez acuñada y embarcada en Arica, iba al oeste, a España, a Alemania, a Francia, a Grecia, a Hungría, a África y a Medio Oriente; y, por el este, cruzando el Pacífico a China, a India, (donde era) cambiada por mercancías.
El mundo globalizado, tal como hoy lo conocemos, nació aquí, en Potosí; en la antigua Casa de la Moneda, desde 1575 –hoy a cargo del poder judicial– y en esta casa, desde 1773, se acuñó la primera moneda de uso planetario con una ley de plata de 11 dineros y cuatro gramos –según la terminología española– con su estampa de dos columnas, fue lo que hoy es el dólar o, en el siglo XIX, lo que fue la libra esterlina, el equivalente universal de todas las mercancías del planeta.
Pero como siempre será, mientras exista el capitalismo –a decir de Carlos Marx este vino al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros– la primera globalización trituró el trabajo anual de 13 mil “mitayos” –42 de su comunidad Orinoca, presidente Evo, cada año– de diez mil “mingas”, o asalariados libres y otros 45 mil indígenas de otros oficios complementarios que ponían en movimiento la infernal maquinaria de extracción de la plata para los españoles.
Cito a fray Diego de Ocaña, en 1599, “tiene este cerro cuatro vetas principales, desde la punta del cerro hacia abajo, están labradas a tajo abierto, hasta las entrañas de la tierra. Todas las demás vetas no son a tajo abierto, tienen unas bocas a través de las cuales se entra y después dentro van culebreando. Los mineros, los empresarios mineros españoles hacen trabajar demasiado a los indios y no les dejan dormir de noche y como los miserables están de continuo allí, barreteando, ni saben ni cuándo amaneció, ni cuándo anocheció y así pasa esta gente gran trabajo y mueren muchos indios de enfermedad, otros despeñados, otros asfixiados y otros descalabrados por las piernas por las caídas y otros se quedan allá adentro, enterrados y nadie los saca.
A mí me quiebra el corazón ver cuando los indios salen los miércoles a comer a las bocas de las minas, a recibir las comidas que les llevan las mujeres, los lloros y las lágrimas de ellas de ver a sus maridos salir llenos de polvo, flacos, amarillos y enfermos y cansados, y, sobre todo, azotados por lo mineros y, al final, no hay libra de plata que no cueste otra tanta libra de sangre y sudor de los indios”, 1599.
Pero Potosí no solo fue el combustible y la capital de la primera globalización, sino que también fue el motor que engranó y articuló la territorialidad de la patria para que Bolivia sea lo que hoy es.
La Audiencia de Charcas, que abarcaba La Paz, Moxos, Santa Cruz, Chuiquitos, Cochabamba, Chuquisaca, Oruro, Tarija, Potosí, incluida Atacama, todo lo que hoy el Bolivia y mucho más, inicialmente dependía del virreinato del Perú, desde 1559 hasta 1776, y luego, desde 1776 hasta 1810, al virreinato de La Plata, con sede en Buenos Aires y desde 1810 hasta 1825, año de nuestra independencia, volvió al virreinato del Perú.
Así, en el momento de las luchas libertarias desde 1809, cada una de estas capitales, Lima o Buenos Aires, buscaba incorporar al Alto Perú o Charcas a sus respectivos territorios, a sus nuevas patrias; sin embargo, Potosí no era virreinato, ni capital, pero era la gloria y la riqueza de ambos virreinatos, es más, Potosí había unido en la tragedia de la mita a indígenas de Porco, Macha, Chaquí, Cayza, Tacobamba, Puna, Chichas, Charcas, Sacaca, Tiquipaya, Chayanta, Tapacarí, Paria, Sipe Sipe, Cochabamba, Tarija, Andamarca, Sabaya, Sica Sica, Pacajes, Omasuyus, Chucuito.
Potosí articuló la producción de azúcar y cera, algodón y madera de Moxos, de Chuiquitos y de Santa Cruz; el cultivo de la hoja de coca de Yungas y de Pocona; la producción artesanal de Cochabamba, el maíz, el trigo, la uva y las frutas de los valles del Cinti, de Tarija y de Tucumán.
En los hechos, la producción y el mercado de Potosí habían creado, a lo largo de los siglos, una territorialidad y la voluntad nacional visibles en la rebelión de 1781, de los amarus y kataris; en las republiquetas guerrilleras, lo que finalmente condujo a mestizos insurrectos y a algunos criollos reconvertidos rápidamente en patriotas, a conducir la construcción de la nueva patria que no será parte ni de Argentina ni de Perú, sino que será nuestra querida y amada patria Bolivia.
Muchas luchas, mucha sangre, mucho sufrimiento ha tedio que pasar antes de llegar a donde estamos hoy: golpes de Estado, guerras civiles, invasiones extranjeras, neocolonialismos, “pongueajes”, dictaduras militares, masacres, privatizaciones e insurrecciones marcan el recorrido trágico de una patria que siempre se ha merecido mejores días.
Y hoy estamos en medio del mejor periodo de estabilidad política y social de nuestra historia nacional, atrás quedó el drama de un presidente militar cada días o de un presidente civil cada año; esta estabilidad ha permitido que todos juntos hayamos podido producir, en una década, el mayor volumen de riqueza al servicio del pueblo nunca antes vista.
Si en 180 años se llegó a producir nueve mil millones de dólares, en apenas 12 años, hemos multiplicado por cuatro lo que antes se tardó 180 años, hoy, la economía mide 37 mil millones de dólares.
Con esta base material, hemos indianizado el Estado, garantizando reconocimiento e igualdad de oportunidades para todas las naciones indígenas de la patria, hemos sincerado la vida estatal con la vida social al incluir a los sindicatos, comunidades, gremios, juntas de vecinos y todo tipo de asociación en las decisiones políticas del país.
Hemos enriquecido la democracia representativa con la democracia comunitaria que elige a autoridades y formas de gobierno local.
El 25 % de la población boliviana ha pasado a tener ingresos medios, nos hemos desprendido del vergonzoso vasallaje de grandes potencias y no pedimos limosna para pagar salarios, como lo hacían anteriormente; que lo sepan bien todos, no queremos imitar a nadie, ni del norte ni del sur, queremos que otros nos imiten, que otros aprendan de nosotros.
Con respeto y valentía, hemos llevado a Chile a tribunales internacionales, no queremos quitarles lo que le es propio, solo queremos recuperar una centésima parte de lo que nos fue usurpado violentamente para volver a hermanarnos y trabajar juntos por el bienestar de nuestros pueblos. Hemos recuperado la propiedad y la gestión de nuestro recursos naturales: el agua, el gas, la electricidad y con eso hemos multiplicado por seis el presupuesto de salud y por cinco el de educación.
En diez años, el 10 % de los bolivianos ha recibido gratis una vivienda social o un crédito subcidiado, hemos industrializado el gas que fue el pedido histórico de la COB, desde hace más de 40 años; cuatro millones de personas tienen gas a domicilio; hemos hecho el ingenio de San Buenaventura, somos uno de los países que más ha invertido, en el mundo, en relación a su Producto Interno Bruto, en energías alternativas como eólica, solar y geotérmica.
Por cuarto año consecutivo somos los primeros en crecimiento en el continente, en apenas 12 años, hemos reducido, de 14 veces la distancia en el tamaño de la economía de Chile respecto a la de Bolivia a solo siete; en 12 años, el salario mínimo de Argentina que era seis veces mayor al de Bolivia, hoy, apenas llega a dos veces.
Vamos por buen camino, pero podemos y debemos ir aún mucho mejor y ahora, ¿cuál es el futuro de Bolivia?, en lo político, seguir ampliando la participación directa de los trabajadores, de los jóvenes, de los pueblos indígenas, de las mujeres, en las grandes decisiones nacionales, democracia no solo es elegir, es, ante todo, participar y decidir en los asuntos comunes del país.
En lo educativo, de los 96 de cada cien niños que van a la escuela, debemos llegar a que sean cien los que vayan a la escuela; en la universidad, del 47 % de los jóvenes en edad de educación superior que hoy van a la universidad, debemos pasar al menos al 70 u 80 %, ya que la riqueza del futuro está en el conocimiento y la investigación.
En salud, en desnutrición de menores de cinco años, hemos reducido del 32 al 16 %, pero no basta, hay que reducir al 2 %; en mortalidad infantil, de los 24 niños que fallecen por cien mil nacidos, debemos reducir a menos de cinco; también tenemos que continuar elevando la esperanza de vida, de los 72 años actuales a los 75 o 78 años.
En lo económico, una economía más grande garantiza más recursos para las inversiones y también para el consumo de productos, de pequeños y medianos productores artesanales, sastres, productores gastronómicos; por ello, en los siguientes ocho años deberíamos duplicar el Productor Interno Bruto, de los 37 mil millones de dólares que es hoy, a por lo menos 70 mil millones de dólares.
A futuro, la pequeña producción ha de prosperar en el mercado interno y externo, en base a la especialización en productos de mejor calidad, capaz de satisfacer la demanda de un comprador popular que hoy tiene y tendrá mayor capacidad de gasto y será más exigente.
En la agricultura, en la década, hemos aumentado un 30 % de las hectáreas cultivadas, hemos llegado a 4,5 millones, en la siguiente década debemos llegar, por lo menos, a ocho millones de hectáreas; la economía campesina comunitaria debe completar su tecnificación y su acceso a sistemas de riego, como lo venimos haciendo, y aprovechar la demanda interna y externa de mayores volúmenes de alimentos y de capacidad de gasto de los sectores populares, en viviendas gratuitas o con tasas de interés muy bajas, del 10 % de la población actual, debemos pasar a un 20 % de la población que acceda a esas viviendas, especialmente jóvenes, familias y madres solteras y abandonadas.
Pero, lo que en definitiva está revolucionando y seguirá revolucionando la base económica de Bolivia es el pentágono productivo definido por la industrialización del gas, la industrialización del litio, de las energías, de la economía digital, telecomunicaciones, software, mecatrónica y de los usos médicos y agrícolas de la energía nuclear.
En hidrocarburos, ya exportamos GLP y urea, inmediatamente hay que exportar plásticos duros, LNG, gas congelado y comprimido a los mercados marítimos y, con todo ello, los productos de un enjambre de pequeñas empresas de valor agregado que se crearán alrededor de estos núcleos industriales.
En el litio, ya producimos carbonato de litio, en los siguientes años vamos a exportar carbonato de litio, litio metálico, hidróxido de litio, hidróxido de magnesio, cátodos, baterías de litio, además de sales de potasio a Europa y Asia. Nosotros vamos a regular el precio del litio en el mundo y alrededor de los salares, en Potosí y en Oruro, vamos a crear el más grande anillo de ciudadelas industriales de los no metálicos.
En energía, a tiempo de sustituir a corto plazo con energía alternativa, el 50 % de nuestro consumo interno, exportaremos energía eléctrica, de hidroeléctricas y de termo eléctricas a otros países hermanos.
Nuestro centro de investigación atómico y los hospitales de medicina nuclear no solo curarán enfermos de cáncer y protegerán la producción agrícola también nos darán la masa crítica de una gran cantidad de científicos de especialistas que nos van a involucrar en las investigaciones mundiales que buscan obtener la energía más ecológica existente: la fusión de hidrogeno con tritio que es un isótopo de litio.
Y para la economía digital, habremos de reclutar y formar desde la educación secundaria toda una nueva generación de científicos especializados desde el colegio, en múltiples áreas de innovación digital que ya está presente en el comercio, en la producción, en la distribución y en la vida cotidiana.
La siguiente década de oro de Bolivia está, pues, marcada por una poderosa tradición enriquecida por la modernidad, por la tecnología industriosa y por una juventud digitalizada con extraordinaria capacidad de invención.
Esta es la Bolivia que está en nuestro alcance, la Bolivia posible, la Bolivia deseada, la Bolivia necesaria y frente a ella no hay otra opción, no hay otro futuro que dispute nuestras esperanzas y nuestros sueños colectivos; si hay algo distinto es el precipicio del regreso a un neoliberalismo zombi, decrépito que, como lo están mostrando en los países vecinos, está destruyendo las economías elevando el 500 % de las tarifas del agua, la luz, el gas, congelando salarios, reduciendo derechos y volviendo a privatizar las riquezas públicas.
La única alternativa de futuro digno y gratificante es, pues, la plurinacionalidad, la soberanía y la agenda Bolivia 2020-2025. Vayamos firmes y esperanzados por ella, nuestra querida Bolivia se merece que lleguemos a sus 200 años con dignidad e igualdad, con industrialización y digitalización social, en condiciones de bienestar superiores a los vecinos y, lo que es la base de todo, unidos como hijos de un mismo destino e irremplazable que se llama Bolivia.
Muchas gracias.